jeremy rifkin, "civilización empática"

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Integró: 04/19/2009

Jeremy Rifkin es un especialista bien conocido en las esferas de alto nivel, gubernamentales y de organizaciones internacionales.

Se incluye a continuación la parte sustantiva de un artículo reciente, sobre lo que él denomina la "civilización empática". La traducción es de responsabilidad de la imprenta.


Si la naturaleza humana es como afirmaban algunos filósofos de la Ilustración, lo más probable es que estemos condenados. Es imposible imaginar cómo podríamos crear una economía mundial sostenible y restaurar la biosfera si todos y cada uno de nosotros es, en el centro de nuestra biología, un agente autónomo y un ser egoísta y materialista.

 

Recientes descubrimientos en la ciencia del cerebro y el desarrollo infantil, sin embargo, nos obligan a repensar estas viejas creencias sobre la naturaleza humana. Biólogos y neurólogos cognitivos están descubriendo las neuronas–espejo – las llamadas neuronas empatía – que permiten a los seres humanos y otras especies de sentir y experimentar la situación de otro como si fuera propia. Somos, parece, el más social de los animales y buscamos participación y compañerismo íntimos con nuestros semejantes.

 

Los científicos sociales, a su vez, comienzan a reexaminar la historia humana con un lente de empatía y, en el proceso, descubren capítulos previamente ocultos de la narrativa humana que sugieren que la evolución humana se mide no sólo por la expansión del poder sobre la naturaleza, sino también por la intensificación y extensión de la empatía hacia diversos otros a través de dominios temporales y espaciales más amplios. Una creciente evidencia científica de que somos una especie fundamentalmente empática tiene consecuencias profundas y de largo alcance para la sociedad, y bien podría determinar nuestro destino como especie.

 

Lo que se necesita ahora es nada menos que un salto hacia una conciencia empática global, y hacerlo en menos de una generación, si se quiere resucitar la economía mundial y revitalizar la biosfera. La pregunta es: ¿cuál es el mecanismo que permite madurar la sensibilidad empática y expandir la conciencia a través de la historia?

 

Los puntos de inflexión en la conciencia humana ocurren cuando nuevos regímenes de energía convergen con nuevas revoluciones en comunicación, dando lugar a nuevas épocas económicas. Las revoluciones en la comunicación devienen mecanismos de dirección y de control para la estructuración, organización y gestión de civilizaciones más complejas que los nuevos regímenes de energía nuevas hacen posible. Por ejemplo, en los inicios de la época moderna, la comunicación impresa se convirtió en el medio para organizar y gestionar las tecnologías, las organizaciones, y la infraestructura de la revolución del carbón, el vapor y del ferrocarril. Hubiera sido imposible administrar la primera revolución industrial utilizando copistas y códices.

 

Las revoluciones en la comunicación no sólo gestionan nuevos y más complejos regímenes de energía: en el proceso también cambian la conciencia humana. Las sociedades de recolectores y cazadores dependieron de la comunicación oral y su conciencia se construyó mitológicamente. En su mayoría, las grandes civilizaciones agro–hidráulicas se organizaron en torno a la comunicación a través de manuscritos y se expresaron en formas teológicas de conciencia. La primera revolución industrial del siglo XIX se gestionó mediante la comunicación impresa y dio paso a la conciencia ideológica. La comunicación electrónica se convirtió en el sistema de dirección y de control para ordenar de la segunda revolución industrial en el siglo XX y generó la conciencia psicológica.

 

Cada revolución más sofisticada en la comunicación reúne a gente más diversa en redes sociales crecientemente amplias y variadas. La comunicación oral tiene un alcance temporal y espacial limitado, mientras que las formas manuscritas, impresas o electrónicas de la comunicación amplían cada una el alcance y la profundidad de la interacción social humana.

 

Al ampliar el sistema nervioso central de cada individuo y la sociedad en su conjunto, las revoluciones en la comunicación ofrecen un escenario cada vez más incluyente para la maduración de la empatía y la expansión de la conciencia. Por ejemplo, durante el período de las grandes civilizaciones agro–hidráulicas caracterizadas por la escritura manuscrita y la conciencia teológica, la sensibilidad empática se amplió desde los vínculos de sangre tribales a vínculos de asociación basados en una afiliación religiosa común. Judíos se identificaron mental y afectivamente con judíos, cristianos con cristianos, musulmanes con musulmanes, etc. En la primera revolución industrial, caracterizada por la impresión y la conciencia ideológica, la sensibilidad empática se extendió a las fronteras nacionales, norteamericanos con norteamericanos, alemanes con alemanes, japoneses con japoneses, etc. En la segunda revolución industrial, caracterizada por la comunicación electrónica y la conciencia psicológica, los individuos comienzan a identificarse con otros de semejante mentalidad.

 

Hoy en día estamos en la cúspide de otra convergencia histórica de energía y comunicación – una tercera revolución industrial – que podría ampliar la sensibilidad empática a la propia biosfera y toda la vida en la Tierra. La revolución de Internet distribuída viene junto con las energías renovables distribuidas, haciendo posible una economía sostenible, post–carbono, que es al mismo tiempo globalmente conectada y localmente gestionada.

 

En el siglo XXI, cientos de millones – y, finalmente, miles de millones– de seres humanos transformarán sus viviendas en plantas de energía para producir energías renovables en el lugar, almacenar esas energías en forma de hidrógeno y compartir electricidad entre iguales, a través de inter–redes locales, regionales, nacionales y continentales que actúen de manera semejante a como lo hace Internet. El intercambio de energía a código abierto, como el intercambio de información a código abierto, dará lugar a espacios de colaboración de energía – no muy diferente de los espacios de colaboración social que actualmente existen en Internet.

 

Cuando todas, familias y empresas, llegan a tomar la responsabilidad de su propia pequeña franja de la biosfera aprovechando y compartiendo con millones de otros las energías renovables en pequeñas redes eléctricas inteligentes que se extienden a través de los continentes, estamos íntimamente interconectados en el nivel más básico de la existencia terrenal, controlando conjuntamente la energía que baña el planeta y sostiene toda la vida.

 

La nueva revolución de la comunicación distribuida no sólo organiza las energías renovables distribuidas, sino que también cambia la conciencia humana. La revolución de las tecnologías de información y comunicación (ICT en inglés) está extendiendo rápidamente el sistema nervioso central de miles de millones de seres humanos y conectando la raza humana a través del tiempo y del espacio, permitiendo el florecimiento de la empatía a nivel mundial, por primera vez en la historia.

 

Si acaso empezaremos a sentir empatía como una especie, ello dependerá de cómo utilicemos el nuevo medio de comunicación distribuida. Mientras que las tecnologías de comunicación distribuida – y, en breve, las energías renovables distribuidas– conectan a la raza humana, lo sorprendente es que nadie ha ofrecido una buena razón acerca de porqué tenemos que estar conectados. Hablamos infatigablemente sobre acceso e inclusión en una red global de comunicación, pero poco sobre por qué queremos comunicarnos unos con otros a una escala planetaria semejante. Es notoria la ausencia de una razón general acerca de porqué miles de millones de seres humanos deben estar crecientemente conectados. ¿Cuál es el propósito? Las únicas y débiles explicaciones ofrecidas hasta ahora se refieren a información compartida, entretenimiento, impulso al intercambio comercial y aumento de velocidad en la globalización de la economía. Todo lo cual, si bien pertinente, parece sin embargo insuficiente para justificar por qué casi siete mil millones de seres humanos deben estar conectados y mutuamente incorporados en una sociedad globalizada. En ausencia de un propósito unificador general la idea de miles de millones de conexiones individuales parece un colosal desperdicio de energía humana. Más importante aún, llevar a cabo las conexiones globales sin ningún verdadero propósito trascendente implica el riesgo de reducción de la conciencia humana,  en lugar de su expansión. La pregunta entonces es ¿y si nuestras redes globales de comunicación distribuida redes se pusieran a la tarea de ayudarnos a re–participar en profunda comunión con la biosfera común que sustenta toda nuestra vida?

 

La biosfera es la estrecha banda que se extiende a unos sesenta y cinco kilómetros desde el fondo del océano hasta el espacio exterior donde los seres vivos y los procesos geoquímicos de la Tierra interactúan para sostenerse mutuamente. Estamos aprendiendo que la biosfera funciona como un organismo indivisible. Las continuas relaciones simbióticas entre todos los seres vivos y entre los seres vivos y los procesos geoquímicos aseguran la supervivencia del organismo planetario y de las especies individuales que viven dentro de su envoltura biosférica. Si toda vida humana, la especie en su conjunto, y todas los otras formas de vida se entrelazan entre sí y con la geoquímica del planeta en una coreografía rica y compleja que sustenta la vida misma, entonces todos dependemos y somos responsables de la salud de organismo en su conjunto. Llevar a cabo esa responsabilidad significa vivir nuestra vida en nuestros vecindarios y comunidades en modos tales que promuevan el bienestar de la biosfera en la que habitamos. La Tercera Revolución Industrial ofrece precisamente esa oportunidad.

 

Si logramos orientar nuestra sensibilidad empática para establecer una nueva ética mundial que reconozca las muchas relaciones que conforman las fuerzas que mantienen la vida del planeta y actúe para armonizarlas, será que nos hemos movido más allá de las presuposiciones filosóficas particularistas, auto–interesadas y utilitarias que acompañaron la gobernabilidad de los mercados nacionales y los estados–nación, e ingresado a una nueva era de conciencia de la biosfera. Que hemos dejado atrás el viejo mundo de la geopolítica y entrado en un nuevo mundo de política de la biosfera, con nuevas formas de gobernabilidad que habrán de emerger para acompañar nuestra nueva conciencia de la biosfera.

 

La Tercera Revolución Industrial y la nueva era del capitalismo distribuido nos permiten forjar un nuevo enfoque de la globalización, esta vez haciendo hincapié en la continentalización de abajo hacia arriba. Debido a que las energías renovables están más o menos igualmente distribuidas en todo el mundo, potencialmente cada región dispone de una amplia dotación de la energía necesaria para ser relativamente autosuficiente y sostenible en su estilo de vida, interconectada al mismo tiempo mediante redes inteligentes a otras regiones a través de países y continentes.

 

Cuando cada comunidad dispone localmente de poder, en sentido figurado y literal, todas pueden comprometerse directamente en el comercio regional, transnacional, continental y global limitado sin las severas restricciones que impone la geopolítica que supervisa la distribución elitista de energía proveniente de combustibles fósiles y de uranio.

 

La continentalización trae ya consigo una nueva forma de gobernabilidad. El estado–nación, que creció junto a la Primera y Segunda Revolución Industrial y proporcionó el mecanismo de regulación para la gestión de un régimen de energía cuyo alcance fue la geosfera, es inadecuado para una Tercera Revolución Industrial cuyo dominio es la biosfera. Las energías renovables generadas a nivel local y regional y libremente compartidas –entre iguales – a lo largo de vastas masas de tierra contiguas conectadas por redes de servicios y logística inteligentes y cadenas de suministro, favorecen una fluida red de instituciones de gobierno que abarca continentes enteros.

 

La Unión Europea es la primera institución continental de gobierno de la época de la Tercera Revolución Industrial. La UE ya está empezando a poner en marcha la infraestructura necesaria para un régimen europeo de energía, junto con los códigos, reglamentos y normas para realizar con eficacia una red fluida de transporte, comunicaciones y energía que se extenderá desde el Mar de Irlanda a las puertas de Rusia a mediados de este siglo. Uniones políticas continentales están también en marcha en Asia, África y América Latina y es probable que sean la principal institución de gobierno en sus respectivos continentes hacia el año 2050.

 

En la nueva era de la energía distribuida, las instituciones de gobierno se asemejarán más a la forma de operar de los ecosistemas que manejen. Así como los hábitats funcionan dentro de los ecosistemas y los ecosistemas dentro de la biosfera en una red de interrelaciones, así las instituciones de gobierno funcionarás en una red colaborativa de relaciones con localidades, regiones y naciones incorporadas dentro del continente en su conjunto. Este nuevo organismo político complejo funciona como la biosfera de la que se ocupa, sinérgica y recíprocamente. Esto es política de la biosfera.

 

La nueva política de la biosfera trasciende las distinciones tradicionales derecha/izquierda características de la geopolítica de la época moderna de economía de mercado y estado – nación. La nueva brecha es generacional y contrasta el modelo tradicional de arriba hacia abajo en la   estructura de la vida familiar, la educación, el comercio y la gobernabilidad con una generación más joven, cuyo pensamiento es más relacional y distribuido, cuya naturaleza es más de colaboración y cosmopolita, y cuyo trabajo y espacios sociales favorecen los bienes intelectuales comunes de código abierto (open–source commons). Para la generación de Internet, "calidad de vida" se vuelve tan importante como ‘”oportunidad individual” para la configuración de un nuevo sueño para el siglo XXI.

 

La transición a la conciencia de la biosfera ya ha comenzado. En todo el mundo, una generación más joven está empezando a darse cuenta de que el consumo personal diario de energía y otros recursos afecta en última instancia la vida de todo ser humano y toda otra criatura que habita en la Tierra.

 

La Civilización de la Empatía está surgiendo. Una generación más joven extiende rápidamente su abrazo empático por encima de afiliaciones religiosas e identificaciones nacionales para incluir a toda la humanidad y el vasto proyecto de vida que envuelve la Tierra. Pero nuestra marcha hacia la conectividad universal empática se realiza contra una gigantesca fuerza entrópica de rápida aceleración en la forma de cambio climático. ¿Podemos llegar a la conciencia de la biosfera y la empatía global a tiempo para evitar el colapso planetario?

 

 

publicado en inglés en The Huffingtonpost, 11 enero 2010.